Al rescate de las lenguas

A través de la ventana del aula de la escuela, situada frente a la laguna Yarinacocha y rodeada de la frondosidad amazónica, se ven a unos estudiantes atentos al profesor que les pregunta: “¿Qué nos falta para mejorar la educación en el país?”. Una alumna, con una camiseta con bordado shipibo, se adelanta a sus compañeros en responder: “A los indígenas se les tilda de ser atrasados. Muchas veces los hispanohablantes nos  han dejado en un segundo plano, no nos dan una enseñanza de igual,  y entonces tenemos un nivel de aprendizaje inferior; por eso yo llegué a este instituto con el sueño de formarme como docente bilingüe intercultural, y enseñar a mis niños en la igualdad”. Su nombre en castellano es Yolanda Nunta Acho, Senen Rabi en shipibo, tiene 38 años y estudia en el Instituto Superior Pedagógico Público Bilingüe de Yarinacocha (Pucallpa), uno de los 22 institutos  que forman a docentes en educación intercultural bilingüe en Perú.

Desde el 2011 el Estado dio un fuerte impulso a la Educación Intercultural Bilingüe (EIB) incrementando en un 1,160% su presupuesto, pero aún hay retos pendientes para romper con la falta de educación en su lengua originaria del 46% de los niños y adolescentes indígenas, la falta de profesorado,  y acabar con la discriminación enraizada en la sociedad peruana.

Una lengua, un mundo

“Cuando muere una lengua todo lo que hay en el mundo, mares y ríos, animales y plantas ni se piensan, ni se pronuncian con atisbos y sonidos que no existen ya (…) cuando muere una lengua, espejos para siempre quebrados, sombra de voces para siempre acalladas: la humanidad se empobrece”, reza el poema Cuando muere una lengua de Miguel León.

En el Perú, según datos del Ministerio de Cultura, se hablan 47 lenguas originarias: cuatro andinas y 43 amazónicas. Se calcula, además, que 37 lenguas se habrían extinguido. Sin embargo, hablar de número exactos no resulta para los propios lingüistas muy preciso pues no existe un claro consenso ya que reconocen la dificultad de diferenciar entre una lengua y un dialecto.

Hablar una lengua nativa supone un motivo de discriminación para muchos niños, razón por la cual muchos padres dejan de enseñarla. Parafraseando a Eduardo Galeano, los indígenas son los “nadies, los ningunos, los ninguneados, (…) que no son, aunque sean, que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no hacen arte, sino artesanía, que no practican cultura, sino folklore”. Urquía Huaya, estudiante del pueblo shipibo en el pedagógico de Yarinacocha explica que “en las comunidades se está perdiendo el valor cultural de los pueblos indígenas, quizás porque los padres y madres piensan que sus hijos pueden ser discriminados en las ciudades, y para que no sea el insulto y la burla les enseñan el castellano”. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) identificó 29 lenguas originarias peruanas en peligro de extinción.

En el Perú se hablan 47 lenguas originarias: cuatro andinas y 43 amazónicas. Se calcula que 37 lenguas se habrían extinguido.

Poniendo un punto de luz a este relato, Roberto Zariquiey, lingüista investigador de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), que lleva visitando Pucallpa desde 1997 con motivo de sus investigaciones, ve cambios positivos en el pueblo shipibo.  “Están conquistando terrenos geográficos, culturales y lingüísticos. Cuando yo empecé a ir a Pucallpa los shipibo se escondían, ahora tienen medios de comunicación, los cantos tradicionales pasan a ser interpretadas como cumbias,  narran partidos en shipibo. Es un afianzamiento político que implica una transformación, pero conservando a la vez su propia cultura. Los shipibo están tratando de ser aceptados como parte de la sociedad y de ser reconocidos como shipibos. A mi me parece que es el ejemplo más bonito de política lingüística que hay en el Perú”.

Tras estos conflictos lingüísticos se esconde un conflicto social enraizado y turbio de discriminación. Nila Vigil, lingüista de la PUCP, habla de “imperialismo lingüístico” pues en la sociedad solamente tiene prestigio el castellano, y quien habla esta lengua es el mismo grupo que goza del poder socioeconómico. “La discriminación hacia las lenguas no existe, lo que existe es la discriminación hacia los hablantes”, especifica.

El derecho de los niños a educarse en su propio idioma está consagrado en la Convención de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabjo (OIT) y la propia Constitución peruana. La Educación Intercultural Bilingüe (EIB)  se propone entonces  como un reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas,  una vía democratizadora, además para que los estudiantes logren mejorar sus resultados académicos,  mejorar la comprensión lectora,  incrementar su seguridad e identidad.

“Lo que aspira la EIB es que los estudiantes sean lo que llamamos ‘bilingües coordinados’, es decir, que dominan ambas lenguas y puedan desarrollarse en distintos ámbitos”, explica Gisele Cuglievan, oficial de educación en UNICEF Perú. Sin embargo, cerca del 46% de los niños y adolescentes indígenas siguen sin recibir una cobertura educativa en su lengua originaria, según datos del 2013 recogidos por la Defensoría del Pueblo.

La brecha de la desigualdad persiste de manera dolorosa en un país cuya economía,  según el Banco Mundial, ha sido una de las de mayor crecimiento en la región latinoamericana alcanzando entre 2002 y 2013 una tasa de crecimiento promedio del 6,1%. De acuerdo al censo de 2007, los mayores niveles de pobreza y de acceso a servicios básicos se concentran en la población indígena. El 46,9% de los nativos, el 32,0% y el 25,8% de quechuas y aimaras, respectivamente, son pobres extremos.

Rumbo a la educación intercultural bilingüe

“A partir del 2011, el Estado peruano dio un impulso fuerte a la Educación Intercultural Bilingüe. Hoy en día el país cuenta con una política pública nacional que antes no existía, antes había un programa y esfuerzos dispersos”, explica Cuglievan. La EIB ha ido afianzado su presencia y peso. El presupuesto destinado a ello se ha incrementado en un 1,160% en tan solo dos años, pasando de cinco millones de soles en 2011 hasta los 63 millones de soles en el  2013.

“Hasta ese momento no se sabía siquiera quiénes eran  sujetos de derecho de la EIB, porque no se había hecho uso de las cifras oficiales que arrojaban los censos, ni cuántas escuelas debían ofrecer EIB -hasta el 2011 sólo el 11% ofrecían este sistema educativo-. Lo que hacían estas escuelas era castellanizar a los niños. La consecuencia era que no generaba aprendizaje. Además, el mensaje que se mandaba era que su lengua y sus valores no contaban”, comenta la especialista de UNICEF Perú. “Hoy, sin embargo, se sabe quiénes son, dónde están, las lenguas que hablan, las escuelas que deben ofrecer este sistema educativo y los profesores necesarios”, precisa.

La UNESCO identificó 29 lenguas originarias peruanas en peligro de extinción en el 2010.

La Defensoría del Pueblo reconoce en su informe 163 (publicado en 2013) el esfuerzo realizado para impulsar la EIB desde el 2011, momento en el cual esta institución alertó sobre el serio problema educativo que había, además de sugerir una serie de recomendaciones.  “Dada la gran diversidad cultural y lingüística que posee nuestros país, implementar la política de la EIB no es una tarea sencilla. Sin embargo, las decisiones emprendidas por el Ministerio de Educación permiten avizorar un mejor panorama para la educación de los pueblos indígenas, siempre que estas acciones sean sostenidas en el tiempo y no haya lugar a retrocesos”.

No obstante, La Defensoría, en un comunicado publicado en mayo, expresó su preocupación ante la supervisión realizada a siete centros pedagógicos, e instó al Ministerio de Educación a que se destinen mayores recursos económicos y se mejore la situación de los mismos. Mención especial tuvo el Instituto de Yarinacocha, para este organismo por ser  “el caso más grave y preocupante” ya que “las aulas y otros ambientes presentan serios daños que ponen en riesgo la integridad física de los estudiantes y docentes”.

En junio de 2015 el Ministerio de Educación reconoció la oficialidad de 24 lenguas originarias (a través de la resolución ministerial Nº303-2015), 23 de ellas amazónicas, y una andina. Hasta antes de esta norma, tan solo el quechua y aymara tenían reconocimiento en todo el ámbito nacional desde 1985. Burga asegura que para 2016 deberían estar oficializadas las 47 lenguas originarias. Existen más de 20 mil instituciones  registradas en la EIB repartidas en 22 regiones del país que enseñan a 1 millón 84 mil estudiantes de entre 3 y 17 años- pues aún no se ha puesto en marcha la EIB en el nivel de secundaria-, siendo el 79,3% de ellos quechuas; el 7,3% aimaras y 13,4% pertenecen a lenguas amazónica, según información del Ministerio de Educación.

Sin embargo, existen claras deficiencias pues tan solo el 60% de éstas tiene al menos un docente bilingüe, y el 40% aún no cuenta con maestros en su lengua. Esta situación, se está tratando de paliar, según Elena Burga, directora general de Educación Intercultural Bilingüe y Rural (DIGEIBIR), con la formación de unos 4.300 nuevos profesores, con el sistema de acompañamiento a profesores, y con programas de titulación.  Además, resalta que existen  ocho universidades que ofrecen la carrera de EIB, entre ellas: Cayetano Heredia, USIL, la Universidad Ruiz de Montoya y la Científica de Iquitos. Asimismo, explica que se cuentan con materiales educativos en cuatro variantes del quechua y en 14 lenguas amazónicas.

Yarinacocha, centro de operaciones de lingüistas

“Cuando en el Perú se hace referencia a la educación bilingüe , no puede dejarse de   pensar en el Departamento del Ucayali y en  el Instituto Pedagógico Bilingüe de Yarinacocha (ISPBY), cuyas actividades  fueron iniciadas por los  miembros del  Instituto Lingüístico de Verano (ILV)”, escribía la reconocida lingüista, ya fallecida, María Cortez Mondragón. Yarinacocha se convirtió desde 1949 en el centro de operaciones de lingüistas cuando el ILV firmó un convenio con el Ministerio de Educación.

Sus comienzos no están exentos de voces críticas respecto a la labor que llevó a cabo esta institución fundada en 1934 por William Cameron Townsend, dependiente de la Iglesia Bautista y que ha estado presente en más de 40 países, 12 de ellos en América Latina. Lo que buscaba el ILV era traducir el Nuevo Testamento en su propia lengua. “Es evidente la colonización mental que obraba en el ILV, ya que tenía por objetivo ‘civilizar’  a los indígenas con la conformidad del Gobierno”, explica la lingüista Vigil. Uno de los autores que más ha investigado este tema es David Stoll quien, en su libro ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio? examina el papel de esta institución.  Stoll afirma que “Towsend había cultivado el favor oficial al sostener que sus lingüistas no sólo peruanizarían a los indígenas, sino que acelerarían la desaparición de sus idiomas”.

Zariquiey precisa además que “el ILV dio educación a las comunidades indígenas antes que el Estado, cumplió el rol de éste antes de que lo asumiera. Las primeras escuelas bilingües en la Amazonía eran de esta institución. Pero claro, al menos en los primeros modelos el objetivo era hacer una lingüística de transición al castellano y con un fin religioso”. “El Instituto Lingüístico de Verano daban una capacitación a los pueblos indígenas por ejemplo a nuestros abuelos, papás, mamás para una capacitación evangélica, aparte también les formaron en el acceso a la comunicación en castellano: con el tiempo se han ido formando profesionales de los pueblos indígenas. Es como una reliquia para nosotros”, relata Yolanda Nunta.

La organización indígena AIDESEP, en un reciente comunicado, expresaba de manera contundente su rechazo a la labor del ILV y su negativa a una posible vuelta de esta institución, “los pueblos indígenas, con el aval del Estado fuimos objeto de presión evangelizadora por una secta religiosa específica, en nombre de una aparente alfabetización y educación”. En el año 2004 el ILV abandona su centro de Yarinacocha y dona la propiedad al Ministerio de Educación que la destinó para ser la sede la Universidad Intercultural de la Amazonía (UNIA).

“El instituto pedagógico de Yarinacocha es uno de los que está en una situación más  crítica, con los años ha ido perdiendo docentes y calidad. Pasó a manos del Gobierno regional y no se le ha dado más que lo mínimo. Ahora, el hecho de que exista la UNIA al lado, ha hecho que el pedagógico esté en peores condiciones, se fueron a ésta los mejores profesores  que habían. El Gobierno Regional, ni el Ministerio de Educación, ve sostenible que exista una Universidad Intercultural que tiene facultad de educación, que está formando profesores de inicial y primaria,  y a su costado un instituto bilingüe”, explica la directora de la DIGEIBIR, Burga.

Lugar de encuentro

El Pedagógico de Yarinacocha  es como adentrarse en un  microcosmos de la diversidad; envuelve al visitante de curiosidad y con ganas de conversar con los estudiantes pertenecientes a los 11 pueblos de la Amazonía que conviven en este centro educativo. “Para mí es un honor estar con los hermanos amazónicos, no hacemos diferencia entre nosotros y nos respetamos”, comenta con orgullo Urquía Huayta. “Este lugar es propicio para encontrarnos entre culturas y aceptarnos. Acá se interrelacionan, aprenden la lengua, la cosmovisión y la cultura y eso creo que a los alumnos que egresan de aquí los hace más seres humanos capaces de entender la diversidad cultural que de repente en el Perú todavía no lo estamos haciendo”, apunta el profesor César Mendivil.

“En la sociedad peruana si no logramos interculturalidad para todos no vamos a cambiar, es un aspecto muy importante”, declara Cuglievan. La EIB si bien está orientada a la atención de niños y adolescentes de pueblos originarios, la directora de la DIGEIBIR Elena Burga, especifica que también existe la Educación Intercultural para Todos, un principio educativo sobre el que están trabajando unos lineamientos. “En ellos entramos todos, para poder trabajar por un lado nuestra identidad, pero además la de otros grupos minoritarios, buscando la valoración y el respeto hacia el otro”.

Para los intelectuales lingüistas, la interculturalidad es una compleja realidad y concepto, que no puede reducirse a la relación entre culturas, pues en una sociedad discriminadora, las relaciones estarán determinadas por ella. La experta Catherine Walsh, en la publicación “La interculturalidad en la Educación”, sostiene que la interculturalidad significa procesos de construcción de conocimientos “otros”. “Este uso de ‘otro’ no implica un conocimiento, una práctica, un poder o un paradigma más, sino un pensamiento, una práctica, un poder y un paradigma de y desde la diferencia, desviándose de las normas dominantes y a la vez desafiándolas radicalmente”.

Situado en un paraje envidiable el Instituto de Yarinacocha, el paso del tiempo ha hecho estragos en  las grietas de las aulas y albergues, que cuentan además con muy pocos materiales.  El viajero recorre estas aulas con la sensación de estar viendo ya una vieja postal.

Fuente: El gran angular.

Escrito por Nylva Hiruelas