Un lugar llamado Saweto

José Vadillo Vila

A tres días en bote y pequepeque desde la ciudad de Pucallpa se ubica la comunidad nativa de Alto Tamaya-Saweto, en la margen izquierda del río Alto Tamaya, en el distrito de Masisea, provincia de Coronel Portillo, Ucayali. Por el río, está también a 60 kilómetros de la frontera con Brasil.

Su institución educativa tiene el número 65151-B. Es una escuelita unidocente y la primera lengua –la “L1”, como se dice en la jerga del Ministerio de Educación– en la que se enseña es el asháninka. Y se les refuerza en “L2”, castellano. En Saweto no hay negocios.

Aquí enseña la profesora Blanca Quinchubia. Tiene 40 años de edad y es su primer año de servicios educativos en Saweto. Hace 12 años que trabaja como docente en diferentes escuelas bilingües del llamado “interior del país”. Blanca tiene tres hijos, todos ellos ahora son universitarios, y los verá recién en un puñado de meses. Por la dinámica de su trabajo y por las distancias. Pero puede comunicarse con ellos porque el poblado cuenta con línea telefónica y hay un sistema de carga de celulares gracias a los paneles solares instalados aquí. Saweto no está aislado del mundo. 

El asháninka también es la lengua materna de la maestra: nació en la comunidad de El Milagro, en la región Pasco. Y aquí, en la 65151-B, tiene a su cargo 25 niños que estudian distintos grados de primaria y son beneficiarios del programa Qali Warma. Cuando lleguen a secundaria, los menores tendrán que irse a estudiar a Putaya, el pueblo a siete minutos en bote. Allá sí hay tiendas. Es un estatus que habla de un lugar más grande.

Blanca viaja muy poco a la ciudad de Pucallpa. Primero, porque es muy caro: los tres días de viaje cuestan 200 soles y ella gana 1,200. Segundo porque es peligroso: hace unas semanas, cuando regresaba a la comunidad, después de ver en Pucallpa el tema de su nombramiento, la nave donde iba se volcó, debido a los vientos fuertes atemporales que se dieron en Ucayali. Todos perdieron sus pertenencias y hubo hasta desaparecidos.

En setiembre de 2014, el nombre de Saweto saltó a las primeras planas cuando cuatro dirigentes asháninkas, entre ellos Edwin Chota, fueron asesinados. Las investigaciones apuntan a que fue por oponerse a la tala ilegal y a los traficantes de drogas. Estas dos actividades quitan la paz a esta comunidad asháninka, que se dedica a la agricultura de autoconsumo, a sembrar coca, yuca, arroz, a la caza de animales, pero que vive en medio de una mina verde: un lugar boscoso lleno de árboles. Gracias al impulso del Alto Comisionado en Asuntos de Lucha contra la Tala Ilegal de la Presidencia del Consejo de Ministros, el año pasado, la región Ucayali otorgó a esta comunidad asháninka el título de propiedad que avala que son sus tierras.

La profesora Quinchubia cuenta que el aprendizaje de los niños de Saweto “es muy lento”, pero frente a esta realidad ella no se queda de brazos cruzados. Está a la búsqueda permanente de nuevas estrategias para avanzar poco a poco en la educación de sus alumnos. 

Ella tiene que luchar con el temor propio de sus alumnos, que piensan que los maestros son malos porque les corrigen. Lo que le gusta a la profesora Blanca es que los padres de familia y toda la comunidad asháninka está comprometida con la educación: ellos valoran lo que hace y tienen el compromiso de alimentarla y siempre están ahí dándole yuca, compartiendo el majáz que acaban de cazar. Para ella, los nativos son su familia y esa confianza, no lo duda, le permite desarrollar mejor su trabajo con los niños. Un mañana distinto para Saweto. 

Fuente: El Peruano.