Revitalizar el jaqaru desde la comunidad y la escuela
El jaqaru es una lengua originaria vinculada históricamente con el distrito de Tupe, en la provincia de Yauyos, región Lima. Su presencia expresa una manera particular de nombrar el territorio, organizar la vida comunal y transmitir conocimientos entre generaciones. Sin embargo, la reducción de hablantes, la migración y la presión del castellano han debilitado sus espacios de uso cotidiano.
En esta entrevista, una lingüista especializada en lenguas indígenas explica por qué la revitalización lingüística no consiste únicamente en enseñar vocabulario. También requiere fortalecer la autoestima cultural, documentar los saberes locales, formar docentes bilingües y crear oportunidades reales para hablar jaqaru en la familia, la escuela, las instituciones y los medios comunitarios.
| Aspecto | Situación del jaqaru | Prioridad de revitalización |
|---|---|---|
| Transmisión familiar | Se ha reducido en varias generaciones | Crear espacios de conversación entre jóvenes y mayores |
| Educación | Hay avances, pero faltan materiales contextualizados | Formar docentes y producir recursos en jaqaru |
| Documentación | Existen estudios y registros, aunque todavía son insuficientes | Ampliar diccionarios, archivos orales y gramáticas pedagógicas |
| Uso público | La lengua tiene menor presencia frente al castellano | Incorporarla en reuniones, señalética, radio y servicios |
| Participación juvenil | Muchos jóvenes comprenden la lengua, pero no siempre la hablan | Vincular el jaqaru con música, tecnología y proyectos escolares |
El jaqaru y su territorio vivo
¿Por qué es importante hablar del jaqaru como una lengua viva y no solo como un patrimonio en riesgo?
Porque una lengua no es una pieza de museo. El jaqaru continúa relacionado con familias, prácticas agrícolas, relatos, formas de parentesco y conocimientos sobre el entorno. Cuando una persona lo emplea para saludar, contar una historia o participar en una reunión, la lengua cumple una función social actual. Presentarla únicamente como una expresión del pasado puede generar una mirada folclórica y alejar a las nuevas generaciones.
La lingüista entrevistada señala que la revitalización debe partir del territorio y de sus hablantes. Los registros académicos son valiosos, pero no sustituyen la conversación cotidiana. Una grabación de un relato tradicional puede servir para la investigación y la enseñanza, aunque adquiere mayor sentido cuando los estudiantes la escuchan, la comentan y producen nuevas narraciones desde su propia experiencia.
¿Qué riesgos aparecen cuando una lengua originaria pierde espacios de uso?
Se pierde una parte de la diversidad intelectual de la comunidad. Cada idioma clasifica el mundo de manera particular y conserva términos que condensan observaciones sobre los ciclos naturales, la convivencia y la memoria colectiva. También se debilitan los vínculos entre generaciones, porque los abuelos y las abuelas dejan de ser reconocidos como portadores de conocimientos lingüísticos.
La especialista advierte que el desplazamiento lingüístico suele estar acompañado por vergüenza o discriminación. Por eso, una política de recuperación debe combatir las ideas que presentan el castellano como la única lengua útil para estudiar, trabajar o progresar. La dignidad lingüística es una condición previa para que el jaqaru vuelva a ocupar espacios públicos.
Una lengua con memoria y futuro
¿Qué papel cumplen la documentación y la investigación lingüística?
Permiten describir sonidos, palabras, estructuras gramaticales y variaciones de la lengua antes de que se pierdan. También ayudan a elaborar alfabetos consensuados, diccionarios y materiales de consulta. No obstante, la investigación debe realizarse con participación comunitaria, respetando quién puede compartir ciertos conocimientos y cómo deben utilizarse.
La lingüista propone combinar archivos sonoros con proyectos de historia oral. Entrevistar a hablantes mayores, registrar conversaciones espontáneas y recopilar canciones o narraciones puede ofrecer materiales auténticos para el aula. Estos recursos deben devolverse a la comunidad en formatos accesibles, como cuadernos, audios, videos y bibliotecas digitales de uso local.
¿La estandarización puede convertirse en un problema?
Puede ser útil para la escritura escolar y la producción de materiales, pero no debe borrar las formas de habla existentes. Las lenguas indígenas presentan variaciones relacionadas con la historia familiar, la localidad y las situaciones comunicativas. Imponer una única versión sin diálogo puede provocar que algunos hablantes consideren ajenos los materiales elaborados en su nombre.
La especialista recomienda promover acuerdos graduales entre hablantes, docentes, investigadores y autoridades comunales. El objetivo no es congelar el jaqaru, sino ofrecer criterios compartidos para escribirlo y enseñarlo sin negar su diversidad. Una lengua revitalizada debe tener espacio para crear neologismos, adaptar términos y expresar realidades contemporáneas.
La comunidad como centro
¿Quiénes deben liderar la recuperación del jaqaru?
La comunidad debe ocupar el centro de las decisiones. Las instituciones educativas, universidades y entidades públicas pueden aportar formación, financiamiento y asesoría, pero las prioridades tienen que definirse con las familias y organizaciones locales. Ellas conocen los espacios donde todavía se habla la lengua y las razones por las que algunos jóvenes han dejado de usarla.
La participación no debe limitarse a asistir a una ceremonia o validar un material terminado. Los hablantes pueden seleccionar relatos, revisar traducciones, decidir qué conocimientos son apropiados para la escuela y evaluar si una campaña realmente representa su identidad. En este proceso, las personas mayores tienen un papel fundamental como maestras de pronunciación, memoria y contexto cultural.
Para conocer recursos vinculados con la educación intercultural bilingüe, los docentes pueden consultar el portal educativo peruano, especialmente sus materiales sobre lenguas originarias, participación comunitaria y prácticas pedagógicas pertinentes. La lingüista subraya que estos recursos deben adaptarse a cada pueblo y no aplicarse como fórmulas idénticas.
La escuela que escucha
¿Cómo puede la escuela contribuir a la revitalización sin convertir el jaqaru en una asignatura aislada?
La lengua debe atravesar las actividades escolares. Puede emplearse para nombrar plantas y lugares, explicar una práctica productiva, entrevistar a un familiar o elaborar un mapa comunitario. Así, el jaqaru se convierte en una herramienta para aprender ciencias, comunicación, historia y ciudadanía, no solo en un contenido que se memoriza durante algunas horas.
También es importante reconocer los distintos niveles de dominio. Algunos estudiantes pueden hablar con fluidez, mientras otros solo comprenden expresiones familiares. Una enseñanza inclusiva evita ridiculizar los errores y ofrece actividades orales, visuales y escritas que permitan avanzar progresivamente. El aula debe ser un espacio seguro para experimentar con la lengua.
¿Qué necesitan los docentes para asumir ese desafío?
Requieren formación lingüística, metodologías de segunda lengua y conocimiento de la cultura local. No basta con entregarles un libro en jaqaru si no cuentan con acompañamiento para planificar sesiones, evaluar aprendizajes y trabajar con hablantes de la comunidad. La capacitación debe incluir observación de clases, producción colaborativa de materiales y reflexión sobre discriminación lingüística.
Las bibliotecas escolares pueden reunir relatos grabados, cartillas bilingües, juegos de palabras y testimonios de la localidad. Además, los estudiantes pueden producir podcasts, murales, videos breves y pequeñas publicaciones en jaqaru. Estas iniciativas conectan la tradición oral con herramientas actuales y hacen visible que la lengua también puede ocupar espacios digitales.
Políticas, materiales y tecnología
¿Qué medidas públicas ayudarían a sostener este proceso?
La revitalización necesita continuidad institucional. Se requieren programas de formación docente, reconocimiento laboral para quienes dominan la lengua, financiamiento para producir materiales y mecanismos de seguimiento construidos con las comunidades. Las campañas ocasionales pueden generar entusiasmo, pero no reemplazan una política educativa intercultural de largo plazo.
La lingüista considera útil comparar experiencias de participación escolar en distintos contextos, siempre que se adapten a la realidad local. Incluso una referencia como Budlong School puede servir para observar cómo una institución organiza su relación con estudiantes, familias y recursos educativos; el aprendizaje relevante consiste en analizar críticamente qué prácticas podrían dialogar con las necesidades de una comunidad jaqaruhablante.
¿La tecnología puede acelerar la recuperación de la lengua?
Puede ampliar el acceso a materiales, facilitar la comunicación entre hablantes y acercar el jaqaru a los jóvenes. Un teclado configurado, un repositorio de audios o una aplicación con expresiones cotidianas pueden tener gran utilidad. Sin embargo, digitalizar contenidos no garantiza su apropiación: los recursos deben ser claros, pertinentes y creados con autorización de quienes comparten sus conocimientos.
La tecnología funciona mejor cuando acompaña actividades presenciales. Un audio puede iniciar una conversación familiar; un video puede motivar una investigación sobre topónimos; una plataforma puede reunir producciones de varias escuelas. La prioridad debe ser fortalecer el uso de la lengua, no acumular archivos sin interacción comunitaria.
Acuerdos para revitalizar
¿Qué acciones deberían emprenderse de manera inmediata?
La entrevistada propone concentrarse en medidas posibles, sostenidas y evaluables. La revitalización del jaqaru no depende de una campaña aislada, sino de una red de decisiones diarias que reconozca a los hablantes y genere nuevas ocasiones para usar el idioma.
- Crear círculos de conversación intergeneracional en escuelas, familias y espacios comunales.
- Elaborar materiales bilingües revisados por hablantes jaqaru y vinculados con el territorio.
- Formar docentes en lengua originaria, educación intercultural y metodologías participativas.
- Registrar relatos, canciones, nombres de lugares y conocimientos locales con consentimiento comunitario.
- Promover contenidos juveniles en jaqaru mediante radio, audio, video y plataformas digitales.
¿Cómo se sabrá si la revitalización está avanzando?
No basta con contar publicaciones, talleres o estudiantes matriculados. También conviene observar si aumenta el uso espontáneo de la lengua, si los jóvenes participan en conversaciones, si las familias recuperan prácticas de transmisión y si el jaqaru aparece en reuniones, servicios y actividades culturales. La evaluación debe incluir la percepción de los hablantes y reconocer avances pequeños pero significativos.
La lingüista cierra la conversación destacando que revitalizar el jaqaru significa devolverle posibilidades de futuro. Cada palabra pronunciada sin vergüenza, cada relato compartido y cada clase que vincula el conocimiento escolar con la memoria local contribuye a sostener una lengua que sigue explicando el mundo desde su propio territorio.