Enseñar matemáticas en aimara y español: guía práctica para docentes

El sistema educativo peruano reconoce desde hace décadas la necesidad de una educación intercultural bilingüe que responda a la diversidad lingüística del país. En las regiones andinas donde el aimara convive con el castellano, la enseñanza de las matemáticas adquiere un sentido especial cuando se construye sobre la lengua materna y abre paso al manejo fluido del español académico. Docentes de inicial, primaria y secundaria acompañan cada día a niños y adolescentes que piensan, cuentan y resuelven problemas en su idioma propio.

La matemática no es un contenido ajeno a las comunidades aimaras. Por el contrario, ha estado presente en el tejido, la textilería, la agricultura, el trueque y la observación del cielo. Recuperar esos saberes en el aula no es una concesión simbólica, sino una vía pedagógica que mejora la comprensión de los conceptos y fortalece la identidad cultural. Cuando un estudiante entiende que contar puede comenzar con los khallu que su abuela usó para medir parcelas, la matemática se convierte en una herramienta viva.

Esta propuesta se dirige a docentes que enseñan en escuelas EIB, a formadores de futuras maestras y maestros, y a equipos de acompañamiento pedagógico. Ofrece orientaciones concretas para planificar clases en aimara y español, sin caer en traducciones literales que vacían de sentido a los términos. La clave está en diseñar situaciones significativas en las dos lenguas, alternando su uso según la tarea propuesta.

A lo largo del texto se comparten criterios didácticos, ejemplos de secuencias, sugerencias de evaluación y materiales adaptables a distintos grados. La propuesta se enmarca en los lineamientos del Ministerio de Educación y se inspira en prácticas que docentes de Puno, Tacna y otras regiones vienen ensayando con resultados alentadores.

Fundamentos pedagógicos para enseñar matemática en dos lenguas

El primer fundamento es el respeto por la lengua materna como base del pensamiento lógico-matemático. Los niños aprender mejor cuando comprenden los conceptos en su idioma familiar y luego los transfieren al segundo idioma. En el caso del aimara, esto implica familiarizarse con términos como maya, paya, jach'a y jisk'a que el estudiante ya domina desde el hogar.

El segundo fundamento es la contextualización cultural de los problemas. Un enunciado que habla de q'illqa, de waña o de phuyu no es un adorno folklórico: conecta el cálculo con la vida cotidiana. Plantear cuántos kilos de waña se necesitan para alimentar a una familia durante una semana hace que el estudiante no solo sume y reste, sino que reflexione sobre alimentación, economía familiar y reciprocidad.

El tercer fundamento es la alternancia lingüística planificada. Se debe decidir cuándo corresponde explicar un concepto en aimara y cuándo conviene usar el español, alternando según el tipo de tarea. Esta alternancia favorece la competencia comunicativa en ambas lenguas y previene la idea errónea de que el aimara sirve solo para temas tradicionales mientras el español sirve para la ciencia.

La numeración como punto de partida

Numerar es una de las primeras acciones matemáticas que el niño realiza y, en aimara, tiene una estructura propia que conviene conocer. Los numerales van del uno al diez con formas específicas y, a partir del once, se construyen mediante combinaciones como tunka mayani o tunka payani. Conocer estas raíces ayuda a diseñar actividades de conteo, comparación y ordenamiento sin recurrir a traducciones forzadas.

Una buena secuencia inicia con el conteo de objetos concretos del entorno: piedras, botones, mazorcas, lana. Luego se avanza hacia la representación gráfica y, finalmente, hacia los símbolos numéricos convencionales. En cada etapa se debe nombrar en aimara y en español, construyendo un puente entre el pensamiento del estudiante y los registros escritos que el currículo exige.

Un ejercicio sencillo consiste en pedir a los estudiantes que escriban la lista de números del uno al veinte en aimara y la comparen con la lista en español. A partir de esa comparación surgen preguntas valiosas que abren la puerta a la reflexión metalingüística y matemática.

Sugerencias para introducir el conteo en el aula

Operaciones básicas con sentido cultural

Las operaciones suelen enseñarse de manera descontextualizada, lo que las convierte en ejercicios mecánicos. Para revertir esta tendencia, se recomienda partir de situaciones reales: repartir papa entre varias familias, contar asistentes a una faena comunal, medir la extensión de una chacra. Cada situación da lugar a una o varias operaciones que el estudiante debe identificar y resolver.

Es recomendable introducir los símbolos convencionales junto con sus denominaciones en aimara. Algunas comunidades han consolidado términos como yapuchaña, waqaychaña, mirachaña y chiqichaña. Antes de estandarizar un término, conviene consultar con sabios y sabias de la comunidad para asegurar que el vocabulario sea pertinente y compartido.

Las situaciones problemáticas escritas deben presentarse en ambas lenguas, idealmente con el mismo enunciado en aimara y luego en español. Esta doble presentación ayuda a entender que la matemática es una sola, y que las lenguas son vehículos para acceder a ella. A medida que avanzan los grados, se puede pedir que los propios estudiantes formulen problemas en aimara a partir de una imagen o un dato.

Geometría desde el entorno aimara

La geometría también está presente en la vida aimara: en los diseños de los tejidos, en la arquitectura de las casas, en la forma de los campos de cultivo y en los instrumentos musicales. Partir de esas formas hace que conceptos como línea, ángulo, superficie y volumen cobren sentido. Los estudiantes pueden observar los patrones de un aguayo, identificar simetrías, contar figuras y reproducirlas en papel cuadriculado.

Una actividad sugerida es la elaboración de un mural con los patrones textiles de la comunidad, donde cada figura se describe con vocabulario geométrico en aimara y en español: círculo (muyu), cuadrado (tawa k'uchu), triángulo (kimsa k'uchu). De este modo, la clase de geometría se vuelve también una clase de arte y de valoración cultural.

Para los grados superiores, el estudio del espacio puede incorporar la observación del cielo nocturno aimara, la lectura de constelaciones como la Chakana, y su relación con conceptos de medida y proporción. Esta conexión entre cosmovisión y matemática suele ser una de las más motivadoras para los estudiantes, porque les muestra que sus ancestros ya hacían ciencia.

Medida y estimación con referentes locales

Las unidades oficiales conviven en las comunidades con medidas tradicionales como la jara, el ch'iwa o el tiempo marcado por la llamada del wayra. Integrar ambas referencias favorece la comprensión de los estándares internacionales sin menoscabar los saberes locales.

Una secuencia posible consiste en medir el largo de la cancha de fútbol del barrio con jara y luego con metro, comparar resultados y dialogar sobre las diferencias. Estas actividades permiten trabajar conversión, estimación y precisión, además de fortalecer la autoestima de los estudiantes al ver que sus referentes culturales son objeto de estudio.

La estimación, por su parte, es una habilidad clave que se puede trabajar con juegos: ¿cuántas jallu papas crees que hay en esta bolsa? ¿cuántos pasos hay de aquí a la chacra? Estas preguntas, formuladas en aimara, invitan a los estudiantes a confiar en su juicio y a verificarlo después con el conteo o la medición exacta.

Evaluación que reconozca las dos lenguas

Evaluar en contextos bilingües implica reconocer que un estudiante puede comprender un concepto sin poder expresarlo todavía en la lengua de instrucción. Por eso se recomienda diversificar los instrumentos: observación del desempeño en tareas concretas, portafolios con producciones en aimara y en español, diálogos en lengua materna sobre cómo resolvió un problema.

Las rúbricas deben explicitar los logros en ambas lenguas y permitir que el estudiante demuestre su aprendizaje en la que le resulte más cómoda para cada tarea. Un problema puede resolverse en aimara de forma oral y registrarse luego en español por escrito, o viceversa, según la naturaleza del contenido.

Es importante comunicar a las familias los criterios de evaluación y compartir los avances en reuniones bilingües. Cuando la comunidad entiende cómo se evalúa a sus hijos, se convierte en aliada del proceso educativo y aporta información valiosa sobre el desempeño de los estudiantes.

Recursos y materiales para sostener la práctica docente

Además de los textos oficiales del Ministerio de Educación, existen materiales producidos por entidades especializadas que pueden enriquecer la práctica cotidiana. Las maestras y maestros pueden consultar repositorios, guías y experiencias compartidas en portales dedicados a la educación intercultural bilingüe en el Perú, como el portal de educación intercultural bilingüe, donde se encuentran documentos normativos, bibliografía y experiencias significativas de aula.

Para construir una biblioteca de aula, se recomienda contar con diccionarios aimara-español, cuentos en lengua aimara con contenido matemático, láminas de constelaciones andinas, fotografías de tejidos y de la agricultura local. Estos pueden ser elaborados por la propia comunidad, lo que refuerza su apropiación cultural.

Apoyos para el trabajo cotidiano

Finalmente, se sugiere crear una carpeta pedagógica compartida entre colegas de la red educativa para intercambiar secuencias didácticas, problemas contextualizados y resultados de evaluación. El trabajo colaborativo es uno de los recursos más poderosos para sostener una enseñanza de calidad en contextos bilingües y abrir nuevas rutas para que cada estudiante aprenda la matemática desde su propia lengua.