El castellano como segunda lengua en contextos quechuahablantes

En gran parte de las regiones andinas del Perú, el quechua sigue siendo la lengua materna de miles de niños y niñas que llegan a la escuela pública con un dominio limitado del español. Esa realidad lingüística exige planificar la enseñanza del castellano desde una perspectiva que respete la identidad cultural y la lengua de origen. La educación intercultural bilingüe parte de que ambas lenguas poseen un valor comunicativo equivalente, y que su aprendizaje simultáneo fortalece el desarrollo integral del estudiante.

Sin embargo, la transición hacia el aula demanda metodologías específicas. No se trata de traducir contenidos, sino de diseñar experiencias pedagógicas que permitan al estudiante escuchar, hablar, leer y escribir en castellano sin perder la base afectiva que le ofrece su primera lengua. Esa tarea combina el conocimiento gramatical de los dos idiomas, la sensibilidad cultural del docente y el compromiso de la comunidad educativa con un proyecto formativo pertinente.

El marco de la educación intercultural bilingüe en el Perú

La Ley 29735, que regula el uso, la preservación y la promoción de las lenguas originarias, es el principal referente normativo para la enseñanza bilingüe en el país. Bajo ese paraguas, el Ministerio de Educación ha diseñado lineamientos que reconocen el quechua como lengua oficial en las zonas donde predomina y orientan el tratamiento del castellano como segunda lengua. El Diseño Curricular Nacional, en sus variantes EIB, organiza los aprendizajes de modo que los estudiantes alcancen niveles de desempeño comunicativo en ambas lenguas antes de culminar la primaria.

En las aulas donde se habla mayoritariamente quechua, la alfabetización inicial se realiza en la lengua materna y la introducción del castellano se planifica de forma gradual y sistemática. La intención es que los estudiantes no solo aprendan a leer y escribir en español, sino que también puedan transferir competencias cognitivas ya consolidadas hacia un nuevo sistema lingüístico.

Fundamentos lingüísticos de la enseñanza del castellano como L2

El quechua y el castellano pertenecen a familias lingüísticas distintas. El primero es una lengua aglutinante con sistema sufijante y orden sintáctico relativamente flexible; el segundo es una lengua romance con estructura más rígida. Esa distancia tipológica explica por qué los errores de los estudiantes quechuahablantes suelen estar vinculados al uso de sufijos, al orden de palabras o a la marcación temporal del verbo. Reconocer esas diferencias permite al docente anticipar interferencias y diseñar explicaciones significativas.

A nivel sociolingüístico, conviene atender las actitudes que los estudiantes manifiestan hacia ambas lenguas. Cuando la escuela promueve un aprendizaje del castellano basado en el respeto al quechua y en la valoración de los saberes comunitarios, los resultados académicos mejoran. Por el contrario, cuando el español se enseña bajo la premisa de sustituir la lengua materna, suelen aparecer resistencias, frustración y deserción escolar.

Principios didácticos para la enseñanza del castellano como L2

Una de las premisas centrales es la gradualidad. El contacto temprano con el castellano en contextos formales no debe traducirse en una inmersión forzada, sino en una exposición progresiva mediante actividades significativas. El enfoque comunicativo propone que la lengua se adquiere cuando se usa con un propósito real: narrar una experiencia, describir una actividad agrícola, solicitar información. Esa lógica desplaza al docente del rol de transmisor al de mediador cultural y lingüístico.

Otro principio clave es el andamiaje lingüístico. Partir de los conocimientos previos en quechua para construir los nuevos saberes en castellano permite que los estudiantes comprendan que ambas lenguas son herramientas complementarias. Estrategias como la comparación de estructuras, el uso de glosarios bilingües, la lectura compartida y la dramatización de situaciones cotidianas resultan productivas cuando se insertan en secuencias didácticas organizadas.

Estrategias y recursos para el aula

Los espacios de interacción oral constituyen el punto de partida ideal. Conversar con los estudiantes en castellano sobre temas cercanos —el clima, la cosecha, la vestimenta, los alimentos— facilita la comprensión auditiva y la producción inicial. Los cuentos, las canciones y las adivinanzas en español, cuando se acompañan de imágenes y gestos, se convierten en vehículos afectivos que predisponen al estudiante hacia el aprendizaje.

Entre las estrategias que han mostrado buenos resultados en escuelas rurales se encuentran las siguientes:

Para docentes que buscan insumos adicionales, vale la pena explorar la galería de videos disponibles que reúne experiencias de aula grabadas en comunidades quechuahablantes. Estos registros resultan útiles para observar cómo colegas de distintas regiones abordan los mismos retos.

Materiales, acompañamiento y formación docente

La calidad de los materiales influye decisivamente en los resultados. Los textos escolares oficiales que distribuye el Ministerio de Educación para zonas EIB suelen estar organizados por ciclos y consideran la enseñanza del castellano como segunda lengua de manera diferenciada. A ellos se suman publicaciones de organizaciones no gubernamentales, universidades y redes docentes que producen cartillas, cuentos y guías didácticas adaptadas a realidades locales.

Para acompañar el trabajo en el aula, algunos docentes consultan plataformas especializadas. Un ejemplo es el portal de KPN Interactive, que ofrece recursos orientados a la educación intercultural y puede resultar útil para complementar las sesiones de aprendizaje. El intercambio entre colegas, las comunidades profesionales de aprendizaje y los talleres de actualización también cumplen un papel decisivo en el fortalecimiento de la práctica pedagógica.

Evaluación y seguimiento de los aprendizajes

Evaluar el castellano como segunda lengua requiere instrumentos coherentes con su enseñanza. Las pruebas estandarizadas que no consideran la lengua materna suelen arrojar resultados que reflejan más la brecha sociolingüística que los verdaderos aprendizajes. Por eso, los lineamientos de EIB sugieren procedimientos formativos que observen el desempeño comunicativo del estudiante en situaciones reales: cómo explica una receta, cómo narra una anécdota, cómo redacta una carta sencilla.

Algunos indicadores observables en el aula pueden guiar al docente:

Documentar esos avances a lo largo del año escolar permite ajustar las estrategias y compartir los progresos con las familias en su propia lengua. Cuando los padres de familia comprenden qué se espera de sus hijos en castellano y cómo el quechua sigue siendo parte esencial de su formación, la alianza entre escuela y comunidad se fortalece, y el aprendizaje del español deja de percibirse como una amenaza para consolidarse como una oportunidad.